Me tengo que ir y no quiero

Me tengo que ir y no quiero.
Cuando me vaya ¿quién se sentará en esta silla?
¿Quién mirará esa foto en la que mi papá me alza en sus brazos, una y otra vez?
¿Quién abrirá las ventanas de mi habitación para ver el sol?
¿Quién dormirá en esa cama y quién abrazará a mi oso?
Tengo que irme y no quiero

¿Quién contemplará a Orión y a Escorpión desde mi jardín?
¿Quién se mecerá en la hamaca con Valentina?
¿Quién caminará descalza por la casa?
¿Quién conversará durante horas interminables con mi mamá?
Tengo que irme y no quiero

¿Cuándo fue que decidí cabalgar entre dos mundos?
¿Cuándo fue que una parte de mí decidió vivir entre dos amores?
¿Es que acaso estoy destinada a repetir esta escena una y otra vez, por el resto de mi vida?

La gente dice que el mundo es pequeño, que ahora las distancias ya no existe.
Que un rato estás en Bolivia y luego en la China.
Que la tecnología te acerca a los que están lejos.
Pero en realidad no es así.

Porque yo no quiero amar a los y las que amo a través de esta pantalla.
Yo no quiero estar destinada a sentarme frente a un computador para conversar con mi madre.
No quiero mandarle a Paloma una carita feliz por gmail, sino reírme con ella.
Escuchar su risa, y mirar sus blancos dientes mientras se ríe conmigo.

No quiero mandar zumbidos ni guiños a Valentina, quiero abrazarla y besarla y comérmela entera, como si fuera una sandia.
Quiero jugar, cantar y reír con ella. Quiero verla crecer, quiero estar a su lado.

No quiero escribirle largas cartas a mi papá, sino caminar largas horas con él.
Caminar por los cerros de Auquisamaña y las quebradas del Palomar.
Quiero contarle mis secretos y que él me cuente los suyos, quiero abrazarlo y que él me lea un cuento mientras yo me quedo dormida a su lado.

No quiero que Coco me cuente sus historias por mail, ni por teléfono.
Quiero verlo todos los días, todas las noches y todas las mañanas.
Quiero escuchar los ritmos de su ritmo y sus maracas al otro lado de mi cuarto.
Quiero reírme de sus bromas y ver su pelo despeinado y sus ojos de búho mirándome mientras le hablo.
Quiero tantas cosas y no puedo tenerlas todas. Quiero a tantas personas y no puedo estar con todas.

Quiero quedarme. Quiero quedarme. Quiero quedarme.
Pero he decidido irme y seguramente allá también estaré feliz.
No de la misma forma en la que estoy feliz ahora, pero estaré feliz.
Allá me esperan otros brazos y otras risas.
Otros cuentos, otros secretos y otros dientes blancos, los de Guadita.
Otros ritmos y otras danzas, los de Aleja.
Otros soles, otras lunas y otros cerros, los de Bogotá.
Pero sobre todo otros besos, los besos de mi amor.

Por: Angela Andrea Velasco Terán
Antropóloga
http://nijuegosnijuguetes.blogspot.com/

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