Archive for the ‘El Cajón’ Category

Me tengo que ir y no quiero

4 junio 2010

Me tengo que ir y no quiero.
Cuando me vaya ¿quién se sentará en esta silla?
¿Quién mirará esa foto en la que mi papá me alza en sus brazos, una y otra vez?
¿Quién abrirá las ventanas de mi habitación para ver el sol?
¿Quién dormirá en esa cama y quién abrazará a mi oso?
Tengo que irme y no quiero

¿Quién contemplará a Orión y a Escorpión desde mi jardín?
¿Quién se mecerá en la hamaca con Valentina?
¿Quién caminará descalza por la casa?
¿Quién conversará durante horas interminables con mi mamá?
Tengo que irme y no quiero

¿Cuándo fue que decidí cabalgar entre dos mundos?
¿Cuándo fue que una parte de mí decidió vivir entre dos amores?
¿Es que acaso estoy destinada a repetir esta escena una y otra vez, por el resto de mi vida?

La gente dice que el mundo es pequeño, que ahora las distancias ya no existe.
Que un rato estás en Bolivia y luego en la China.
Que la tecnología te acerca a los que están lejos.
Pero en realidad no es así.

Porque yo no quiero amar a los y las que amo a través de esta pantalla.
Yo no quiero estar destinada a sentarme frente a un computador para conversar con mi madre.
No quiero mandarle a Paloma una carita feliz por gmail, sino reírme con ella.
Escuchar su risa, y mirar sus blancos dientes mientras se ríe conmigo.

No quiero mandar zumbidos ni guiños a Valentina, quiero abrazarla y besarla y comérmela entera, como si fuera una sandia.
Quiero jugar, cantar y reír con ella. Quiero verla crecer, quiero estar a su lado.

No quiero escribirle largas cartas a mi papá, sino caminar largas horas con él.
Caminar por los cerros de Auquisamaña y las quebradas del Palomar.
Quiero contarle mis secretos y que él me cuente los suyos, quiero abrazarlo y que él me lea un cuento mientras yo me quedo dormida a su lado.

No quiero que Coco me cuente sus historias por mail, ni por teléfono.
Quiero verlo todos los días, todas las noches y todas las mañanas.
Quiero escuchar los ritmos de su ritmo y sus maracas al otro lado de mi cuarto.
Quiero reírme de sus bromas y ver su pelo despeinado y sus ojos de búho mirándome mientras le hablo.
Quiero tantas cosas y no puedo tenerlas todas. Quiero a tantas personas y no puedo estar con todas.

Quiero quedarme. Quiero quedarme. Quiero quedarme.
Pero he decidido irme y seguramente allá también estaré feliz.
No de la misma forma en la que estoy feliz ahora, pero estaré feliz.
Allá me esperan otros brazos y otras risas.
Otros cuentos, otros secretos y otros dientes blancos, los de Guadita.
Otros ritmos y otras danzas, los de Aleja.
Otros soles, otras lunas y otros cerros, los de Bogotá.
Pero sobre todo otros besos, los besos de mi amor.

Por: Angela Andrea Velasco Terán
Antropóloga
http://nijuegosnijuguetes.blogspot.com/

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La Nevera

17 junio 2009

La nevera propaga la pestilencia
mientras el ruido agonizante de su motor
acompaña la descomposición de la materia.

En un ejercicio de sinestesia
el olor de la nevera
ha empezado a modificar los colores de las cosas:
la luz de la noche
entra verde por la ventana,
muebles de madera poco a poco
han adquirido el color desteñido
de un periódico viejo.

Todo se ha plegado a lo pestilente:
la noche se cae a pedazos
como las frutas podridas
mientras el silencio de la carne muerta
modifica las paredes.

Hay en todo esto
una fuerza vital que mezcla
los sentidos y crea nuevas asociaciones:
me veo como un pez dentro de un mar que
genera organismos muertos.

Pienso que debería irme antes de que el olor

se propague por mi cuerpo.
Entonces haciendo del asco una vertiente de la vanidad
me detengo a contarme las escamas
y me quedo
me voy quedando como una forma de resistencia al abandono.

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Hay que recordar que la belleza
también habita en lo miserable.

La gestualidad del miserable
se equilibra
entre lo cruel y lo bello.
La tensión que logra en su movimiento
es tan perfecta que
podría decirse que ese
es su principal cometido:
retar a los conceptos
con su perfecto equilibrio.

Hay que recordar que el amor
dota de argumento a la pesadilla.
Y que la mentira
estiliza lo cotidiano,
de lo contrario sería imposible
contrar un sentido
entre imágenes desordenadas.

Hay que recordar que el amor del miserable
necesita del dolor
para llenar de vitalidad sus gestos,
de lo contrario no habría
audiencia para aplaudir
su equilibrio.

Joven escritora boliviana

Joven escritora boliviana

Por Valeria Canelas

“Baile Querido”

13 junio 2009

Baile, eres el arte que envuelve pasión y fuego
porque contigo sonrió al mundo entero;
vivo en el instante al son de tus cantos los recuerdos
y tesoros de mi patria! añoro bello.

Contigo Baile recorro  mi tierra
por sus majestuosas montañas
para atravesar  mi amado valle y  llegar
a sus grandiosas y cálidas sierras.

Tú Baile!, me engalanas de aguayos, terciopelos y seda
me decoras de plumas borsalinos y flores
y me calzas de diversos colores
para hacerme brillar con tus lentejuelas.

Y así mi Baile querido me deslizo contigo
con tus calientes y cogedores ritmos
para  expresarte  mi gozo o mi alarido.

No dudes de mí Baile querido
que jamás la voluntad me ha de  faltar;
ya seas clásico o popular
harás  a mi alma siempre vibrar!!

Por: Charquita Clars